
Hace unos días me escribió una amiga misionera en Kenya y me contó que estaba muy deprimida y frustrada porque había raspado el examen final de la última materia del curso que necesitaba tomar en la universidad y que estaba relacionada específicamente con su trabajo en ese país. Yo pensé que sin duda esto le ocasionaría terribles problemas, quizá abandonar la misión, regresar a su país, tomar este curso de nuevo y aplazar sus sueños, al menos por un tiempo... cuando le pregunté acerca de las consecuencias su respuesta me dejó atónito... "no vale, nada que ver... yo aprobé el curso... pero me da mucha rabia raspar el examen final...". Exactamente lo mismo me pasaba hoy. Metí la pata y andaba todo deprimido... como si no tuviera esperanza alguna de reconciliación con Dios... como si eso significara que raspé en cristianismo 101 y no hubiera reparación... ya podía sentir el olor del azufre (es que a veces a uno le pega más duro hacer las mismas tonterías una y otra vez)... Hasta que mi esposa me recordó Prov 24. 17 "porque siete veces podrá caer el justo, pero otras tantas se levantará"... hoy raspé... pero de algo estoy seguro, y es que yo si me voy a graduar.
la respuesta sigue siendo la misma... ¡de ninguna manera!

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