
1 ¡Cuán hermoso es tu santuario, Señor todopoderoso!
2 ¡Con qué ansia y fervor deseo estar en los atrios de tu templo! ¡Con todo el corazón canto alegre al Dios de la vida!
3 Aun el gorrión y la golondrina hallan lugar en tus altares donde hacerles nido a sus polluelos, oh Señor todopoderoso, Rey mío y Dios mío.
4 ¡Felices los que viven en tu templo y te alaban sin cesar!
5 ¡Felices los que en ti encuentran ayuda, los que desean peregrinar hasta tu monte!
...
10 ¡Más vale estar un día en tus atrios, que mil fuera de ellos! Prefiero ser portero del templo de mi Dios, que vivir en lugares de maldad.
Este salmista si que tenía claro de que se trataba ir a la casa del Señor. Se trata básica y exclusivamente de encontrarse con Dios. Y pensar que yo no tengo que ir a ninguna parte en particular más que a la privacidad de mi cuarto para tener un encuentro con Él. Después de todo ya no habita en una sala especial, con medidas y decoración precisamente diseñadas, en medio de alas de querubines y sobre la tapa de un cofre bañado en oro. Ya no es preciso subir una colina y entrar a un templo, ya no es necesario pertenecer a una familia en particular, ser parte de una tribu especial, de un pueblo específico para poder entrar, una vez al año, temblando de miedo ante la incertidumbre de que el más mínimo error pudiera costarme la vida, para tener un encuentro con la presencia de Dios. Parece mentira que alguien que tuviera tal restricción y apenas pudiera acercarse a Dios "de lejos" tuviera tanto entusiasmo. "¡Con qué ansia y fervor deseo estar en los atrios de tu templo!... ¡Felices los que viven en tu templo y te alaban sin cesar!... ¡Más vale estar un día en tus atrios, que mil fuera de ellos!". Cada vez que leo este salmo no puedo evitar las ganas de llorar. Dios yo quiero ese entusiasmo en mi vida, quiero anhelar que la noche pase pronto para despertarme y acercame a ti nuevamente, es más, ¡despiértame cuando quieras! Quiero experimentar un ansia sofocante, una sed insaciable por encontrarme contigo y beber del río de vida que mana de tu corazón, de tu Palabra. Quiero ir a la iglesia cada semana sabiendo que al estar reunido con mis hermanos allí estás Tú, en medio de nosotros, de una manera especial que no puedo disfrutar a solas. Me has dado un privilegio maravilloso, quiero, necesito, al igual que el gorrión, hacer nido y vivir para siempre en tu presencia.

...y en este momento, habitar en Su presencia es necesario para mantener mi corazón calmado, sólo ahí encuentro paz y nuevas fuerzas... es ahí donde encuentro el bálsamo q sana, el agua que sacia, la paz q calma, la fuerza q revitaliza, la dirección para mis pasos, la voz q me enamora, el toque que me cambia, la persona q mi ser ama!...
ResponderEliminarSeguimos pa' lante...